Por Guillermo Almeida
Puerto Madero es una de las pocas zonas consideradas seguras para trabajadores y paseantes.
Esto no es cosa fácil, si pensamos en lo desprotegidos que nos sentimos los ciudadanos no sólo en esta ciudad, sino en parajes donde la violencia inescrupulosa se conocía por las noticias.
Pero esta franja costera es como un oasis en la ciudad y encontramos la respuesta en el patrullaje constante de Prefectura Naval Argentina. No solamente en actitud vigilante, también siempre dispuesta a ayudar al transeúnte y a los automovilistas.
En horas pico, cuando el tránsito se convierte en un infierno, los oficiales se olvidan de los semáforos, que en ese momento sólo sirven para colapsar la circulación de automóviles, y comienzan a dirigir a pulmón y, así, alivian el flujo compacto de autos apurados por llegar.
No es el único ejemplo de Prefectura. También cumple una función didáctica cuando detiene a los peatones que intentan cruzar donde no es debido o esperan un semáforo en la calzada y ponen en riesgo su vida, o le advierte a una madre despistada que si apoya a su pequeño hijo en la baranda que da al río lo expone a un inminente peligro.
Lo mejor, siempre proceden con total respeto y simpatía.
No es raro que en cada puesto de entrada a Puerto Madero, junto a los oficiales podamos ver a un grupo de perros que los acompañan confiados, y estos animales saben elegir buena compañía.
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