Por Fernando Soraggi
Hace unos días, charlando con un amigo me contó que fue a pasear con su nieto recién nacido y lo bien que lo habían pasado.
Cuando le pregunté cómo habían viajado en el auto fue cuando surgió el inconveniente, ya que me dijo que siempre lo llevaban en brazos.
Por supuesto, mi sonrisa cambió a un gesto de incredulidad por lo que me estaba describiendo, ya que mi amigo es un tipo instruido y sensato, y por mi trabajo está cansado de escucharme hablar de la terrible falta de educación vial y de todo tipo de lesiones y muertes en accidentes de tránsito que podrían haberse evitado con el solo hecho de circular con el cinturón de seguridad puesto correctamente.
¿Alguna vez se podrá dejar de pensar a mí no me va a pasar ?
Esto, sin duda, pone en peligro inminente a los más desprotegidos: los chicos. Ellos no tienen conciencia del peligro que encierra ya no un choque, sino tan sólo una frenada brusca. Esto es responsabilidad exclusiva de los mayores que son los que deben tomar conciencia. La sugerencia es la misma que le di a mi amigo: nunca hay que llevar niños en el vehículo sin el cinturón de seguridad abrochado, ni siquiera en brazos de un mayor. Tenga en cuenta que un menor que pesa 10 kilos, por ejemplo, impacta con una fuerza de 800 kilogramos en un choque a menos de 50 km/h, suficiente para que atraviese el parabrisas.
En la Capital, la ley dice que hasta los 10 años los menores deben ir sentados atrás. Por esas cosas raras que tiene nuestra legislación, en Buenos Aires, el dictámen es hasta los 12. Estoy seguro de que mi amigo reflexionó y lo entendió.
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